30/dic/2008: 2008 fue un gran año para Linux
Será recordado especialmente en los libros de historia económica. Lo que no podía suceder, ocurrió, y muchos grandes monstruos financieros y de la industria han caído, o se tambalean. Para GNU/Linux, y la filosofía Open Source en general, será muy bueno.
GNU/Linux y los sistemas basados en código fuente abierto son más baratos, a pesar de conocidas propagandas que tratan de mostrar lo opuesto a las empresas ansiosas de respuestas que impacten positivamente en sus presupuestos.
No hay un criterio absoluto para decidir si un sistema informático es más barato o no que otro. Los costos pueden medirse de muchísimas formas distintas, y los aspectos que deben abarcar son tan variados como los propios sistemas que deben evaluar.
Sin embargo, es un hecho que las empresas no deben pagar licencias por el software de código libre que consuman. Sí deben pagar por el hardware en el cual ese software sea ejecutado, así como por las horas de trabajo del personal que deba hacerse cargo de esos sistemas. Tienen más libertad de poder elegir cuándo y cómo actualizar sus sistemas, sin ser obligadas a desembolsar sus escasos fondos para adquirir nuevas licencias de un software que generalmente no está terminado ni es completamente funcional hasta que pasen varios meses -incluso años- y toda una serie de parches y "service packs".
El software de código libre, por su propia definición de transparencia técnica, puede ser más seguro -y generalmente lo es- que el software comercial. Esa transparencia, la posibilidad de que cualquier persona con el conocimiento técnico necesario pueda leer el código, modificarlo y aportar para mejorarlo y así asegurar los programa, es real.
El software de código abierto avanza lenta pero inexorablemente en las empresas. Poco a poco el personal jerárquico comprende las ventajas y posibilidades que le brinda. Y no sólo en costos directos, sino en los costos indirectos derivados de la alta confiabilidad, la baja necesidad de mantenimiento, el alto rendimiento con bajos recursos y los bajos tiempos de salida de servicio.
El crack financiero que comenzó ya en el 2007 y se agudizó más aún durante el 2008 obligará a las empresas a ser más cuidadosas en la selección del software que empleen, especialmente cuando se trate de software que vayan a necesitar a largo plazo, para evitar quedar pegadas a plataformas de alto costo de licenciamiento y por la imposibilidad de migrar a futuro.
Grandes compañías que hasta ahora se resistían a probar, o directamente implementar soluciones Open Source muy probadas y confiables, comenzarán a hacerlo. Especialmente si los grandes fabricantes de software ajustan sus precios para arriba, a la vez que oprimen más y más a sus clientes para que dejen de usar software comercial ilegal. Y esto incluye al software que es gratuito para uso personal, pero que no lo es a nivel corporativo.
Asimismo, más y más jóvenes profesionales y técnicos más o menos calificados ganan conocimientos y experiencia rápidamente. En particular gracias a que pueden probar, usar, recomendar e instalar software de código libre, sin infringir las leyes que rigen al software en sus respectivos países. A esto debe agregársele la mayor y mejor documentación de que generalmente dispone el software abierto, y la posibilidad de experimentar y aprender libremente.
Lo mismo ocurre con los programadores, quienes se dan cuenta más y más cada día que se necesita una nueva corriente de bits, que ya no es todo complicado, cerrado, desconocido y muy caro. Sino que puede ser fácil, rápido, eficiente, cómodo, barato y seguro.
Definitivamente, la crisis impactará maravillosamente en software de código libre. Las empresas lo tienen al alcance de la mano, al reducir sus costos, con sólo tomar la decisión apropiada.
GNU/Linux y los sistemas basados en código fuente abierto son más baratos, a pesar de conocidas propagandas que tratan de mostrar lo opuesto a las empresas ansiosas de respuestas que impacten positivamente en sus presupuestos.
No hay un criterio absoluto para decidir si un sistema informático es más barato o no que otro. Los costos pueden medirse de muchísimas formas distintas, y los aspectos que deben abarcar son tan variados como los propios sistemas que deben evaluar.
Sin embargo, es un hecho que las empresas no deben pagar licencias por el software de código libre que consuman. Sí deben pagar por el hardware en el cual ese software sea ejecutado, así como por las horas de trabajo del personal que deba hacerse cargo de esos sistemas. Tienen más libertad de poder elegir cuándo y cómo actualizar sus sistemas, sin ser obligadas a desembolsar sus escasos fondos para adquirir nuevas licencias de un software que generalmente no está terminado ni es completamente funcional hasta que pasen varios meses -incluso años- y toda una serie de parches y "service packs".
El software de código libre, por su propia definición de transparencia técnica, puede ser más seguro -y generalmente lo es- que el software comercial. Esa transparencia, la posibilidad de que cualquier persona con el conocimiento técnico necesario pueda leer el código, modificarlo y aportar para mejorarlo y así asegurar los programa, es real.
El software de código abierto avanza lenta pero inexorablemente en las empresas. Poco a poco el personal jerárquico comprende las ventajas y posibilidades que le brinda. Y no sólo en costos directos, sino en los costos indirectos derivados de la alta confiabilidad, la baja necesidad de mantenimiento, el alto rendimiento con bajos recursos y los bajos tiempos de salida de servicio.
El crack financiero que comenzó ya en el 2007 y se agudizó más aún durante el 2008 obligará a las empresas a ser más cuidadosas en la selección del software que empleen, especialmente cuando se trate de software que vayan a necesitar a largo plazo, para evitar quedar pegadas a plataformas de alto costo de licenciamiento y por la imposibilidad de migrar a futuro.
Grandes compañías que hasta ahora se resistían a probar, o directamente implementar soluciones Open Source muy probadas y confiables, comenzarán a hacerlo. Especialmente si los grandes fabricantes de software ajustan sus precios para arriba, a la vez que oprimen más y más a sus clientes para que dejen de usar software comercial ilegal. Y esto incluye al software que es gratuito para uso personal, pero que no lo es a nivel corporativo.
Asimismo, más y más jóvenes profesionales y técnicos más o menos calificados ganan conocimientos y experiencia rápidamente. En particular gracias a que pueden probar, usar, recomendar e instalar software de código libre, sin infringir las leyes que rigen al software en sus respectivos países. A esto debe agregársele la mayor y mejor documentación de que generalmente dispone el software abierto, y la posibilidad de experimentar y aprender libremente.
Lo mismo ocurre con los programadores, quienes se dan cuenta más y más cada día que se necesita una nueva corriente de bits, que ya no es todo complicado, cerrado, desconocido y muy caro. Sino que puede ser fácil, rápido, eficiente, cómodo, barato y seguro.
Definitivamente, la crisis impactará maravillosamente en software de código libre. Las empresas lo tienen al alcance de la mano, al reducir sus costos, con sólo tomar la decisión apropiada.